Era un 6 de Junio de 2010, daba la impresión de que sería un día normal, un día más en mi vida, uno más entre los miles que me faltaban por vivir, o al menos eso pensé por un momento. Me encontraba en la que algún día fué nuestra habitación mientras veía tu fotografía, cerraba los ojos y aún seguía sin poder creer que te habías marchado, que me habías dejado por alguien más, que te habías ido sin que te importase lo que habíamos vivido durante esos 2 años de noviazgo.
No podía asimilar la idea de saber que ahora estarías en los brazos de alguien más, como estuviste en los míos, que tus manos recorrerían su cuerpo como alguna vez recorrieron el mío, que tu boca sería el punto de partida para su juego previo sexual, no podía seguir pensando en eso y, pese a que siempre fuí de una actitud taciturna, era demasiado doloroso, inclusive para alguien como yo.
Cerré los ojos, dí un fuerte suspiro, levanté la mirada y sabía que era momento de ponerle fin a todo esto, así que tomé mi abrigo, las llaves de mi vehículo y me decidí a partir a cualquier lugar que no me recordara a ti.
La noche era fresca y aún permanecía la brisa de la lluvia que había caído un poco antes, me la pasé manejando por horas sin un rumbo fijo, no tenía ni idea de a donde iba, pero no me importaba, porque lo único que quería era despejar mi mente, cerrar los ojos sin tener que volver a recordarte y sacarte de mi vida aunque fuese sólo por un instante.
Seguí mi camino hasta que llamó mi atención una joven que se encontraba parada a la mitada de la calle, su cabello era rojo carmesí y sus ojos eran como estrellas sin brillo, brillo que aparentemente se había desvanecido hace tiempo por falta de esperanzas y por exceso de sufrimiento, me recordó tanto a mi ...
Bajé la ventanilla del cópiloto y le dije:
- Buenas noches señorita, ¿le molestaría si le pregunto su nombre? -dije disimulando un tono caballeroso
- Sí, sí me molestaría, si no tienes con qué pagarme, ¡largo de aquí imbécil!
- Bueno, si de eso se trata, sí, sí tengo dinero
- ¿Cuánto tienes? - preguntó mostrando cierto interés
- Lo suficiente como para pagarte, así que sube al auto por favor
Se alzó el vestido con la finalidad de de que no se empapara con el charco que estaba frente a ella y con cuidado se subió al auto, una vez ahí, me dijo con un tono muy distinto al de nuestra primera plática:
- Y bien, ¿en qué te puedo ayudar hoy?
- Aún no has contestado a mi pregunta, ¿cómo te llamas?
- ¿Realmente eso importa? - dijo un poco desconcertada
- Importa si quieres recibir tu dinero, así que habla
Se me quedó viendo fijamente por unos instantes como si tratáse de descifrarme, pero jamás lo hubiera conseguido, desde mi infancia me habían comentado que yo era una persona llena de misterios y que nunca demostraba mis sentimientos, también añadieron que eso era algo muy bueno para el mundo actual en el que vivíamos, pero que era algo desastroso si se intentaba tener una relación; después de ese breve instante, dijo:
- Muy bien, tienes toda la razón, mi nombre es Alicia, ¿y el tuyo es... ?
- ¡Calla!, el que hace las preguntas aquí soy yo, así que no vuelvas a hablar a menos que te lo pida, mi nombre no lo necesitas, lo único que tienes que saber de mi es que tengo el dinero suficiente como para comprarte toda esta noche, así que más te vale que las cosas sean a mi modo
- Ok ... y bien .... ¿qué deseas para esta noche?
- Excelente, por fin nos estamos entendiendo, sólo quiero dos cosas
- ¿Y bien?, te escucho
- Que me mames la verga y que me cuentes tu vida
- ¿Perdón?, creo que no te escuché bien
- Bueno, si quieres no me chupes nada, pero quiero que me cuentes tu vida
- No, no hay ningún problema con lo primero, pues a eso me dedico, lo que pasa es que es la primera vez que alguien me pide algo así
- Lo suponía, sabía que era el primero en preguntarte algo semejante y discúlpame por decirte esto, pero no me veas ni como un amigo ni como un novio, veme como lo que soy, un simple cliente que busca satisfacer su intriga y su deseo sexual.
Sin que me dejase de mirar tomó la bragueta de mi pantalón y la bajó, sacó mi miembro, cerró sus ojos y puso sus delicados y húmedos labios sobre la punta de mi verga, no me dió tiempo ni de reaccionar, todo fué tan rápido e inesperado, lo que lo hizo sumamente excitante, en cuestión de segundos sentí como la sangre me comenzaba a hervir, como mis manos se adormecían de tanto placer y como estaba a punto de venirme en cualquier momento, me estaba dando la mamada perfecta pese a que sólo llevaba unos cuantos segundos de haber iniciado, es como si supiera la manera en que me gusta aunque no se lo hubiera dicho, jamás en mi vida había estado así de excitado, cuando de repente interrumpió su trabajo para decirme:
- Bien, veo que te está gustando, ¿no?
- ¿Qué si me está gustando?, ¡Continúa por favor!, ¡Te lo ruego!
- No, ahora la que hace las preguntas aquí, soy yo, dime por qué quieres saber sobre mi vida
- Por ... Morbo .... Curiosidad ... O dile como quieras pero ¡sigue lo que estabas haciendo!
- Mientes, no pienso continuar hasta que me digas la verdad, así que, entre más te tardes en responderme, menos tiempo te la voy a mamar, como bien dijiste, el que paga mi tiempo eres tú.
No me quedó de otra más que confesarle la verdad, bueno, quizás omití algunos detalles que yo consideré innecesarios y sumamente embarazosos, pero le dije todo a grandes rasgos, le confesé que me encontraba dolido porque la mujer que amaba ahora estaba revolcándose con alguien más y la única forma que conocía para aliviar mi dolor era recibiendo placer sexual y la satisfacción de haber humillado a una persona.
Ella me vió fijamente a los ojos y me dijo:
- Gracias por tu sinceridad, al parecer confesar la verdad no ha sido cosa fácil para ti, y a cambio de eso, yo también seré sincera y te diré lo que deseas, te diré cómo fué que llegué hasta donde estoy: mi padre me maltrataba y me violaba a diario, no había noche que no lo hiciera, me iba bien cuando lo hacía él solo, me iba fatal cuando lo hacía él junto con sus amigos, me obligaba a mi madre y a mi a soportar a esos desgraciados con aliento a mezcal y con ropas apestando a puro barato, teníamos que aguantar todos los días sus manos en nuestro cuerpo, su lengua rasposa en nuestros senos y su barba en nuestra cara, pero un día me harté de tanta mierda y dije: ¡Ya no más! ¡Ni una vez más me volverán a tocar sin mi consentimiento! , así que tomé el destapabotellas que tenían en la mesa y se lo clavé en la garganta al primer desgraciado que tuve enfrente, mi madre siguió mi ejemplo y agarrando el cuchillo que estaba ocupando en ese momento se aventó contra otro de esos malditos enterrándoselo por completo, mi padre encolerizado a un grado que jamás había visto en un ser humano, fue corriendo tras ella arrebatándole el cuchillo y clavándoselo directamente en el vientre, aún recuerdo su mirada agonizante, pero feliz, feliz de saber que por fin estaba acabando su miseria.
Yo no lo pensé más y salí huyendo de ahí, pasaron las horas y yo seguía corriendo bajo la fuerte lluvia un 6 de junio del 2000, corrí y corrí sin detenerme hasta que mi cuerpo no soporto más y acabé desplomada en el frío pavimento.
Al despertarme, me di cuenta de que estaba en la habitación de un hotel de mala vida, y junto a la cama en la que me encontraba, había una mesita con una nota encima que decía: "Muchas gracias por tus servicios jovencita, acepta este dinero en muestra de mi agradecimiento".
Y fué en ese instante en el que me di cuenta de que no podía seguir intentando evitar lo que a fin de cuentas era inevitable, el destino, que desde muy pequeña edad me trató mal, me dió a entender que no iba a importar todo lo que me esforzáse por salir adelante, puesto que siempre iba a fracasar, y sin pensarlo más, decidí convertirme en lo que soy y en lo que siempre fuí, una simple prostituta.
Al terminar de escuchar su historia quedé sumamente conmovido, intenté abrazarla pero ella se hizo hacia atrás argumentando:
- No me veas como una amiga ni mucho menos como una novia, veme como lo que soy, una simple fuente de satisfacción sexual, una simple prostituta.
Le pedí muy amablemente que abandonara el vehículo y ella accedió sin reproches ni reclamos, saqué de mi cartera el primer fajo de billetes que encontré y se lo entegué
- ¿Te veo mañana a la misma hora? - le pregunté
Ella simplemente se limitó a sonreir y a responderme:
- Claro, mañana a la misma hora, aquí te esperaré
Me regaló la sonrisa más pura que en mi vida había visto, me volví hacia ella y le dije:
- Si mañana te veo aquí a la misma hora y en este mismo lugar, puede que te diga mi nombre ...